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lunes, 26 de noviembre de 2012

BON VIVANT n 3: a contracorriente del blog Microcurntos y otras historias

            Han dejado de incomodarme la condescendencia, el trato preferente y todas esas miradas de compasión de las que soy objeto. He decidido aceptarme y aprovechar la nueva perspectiva que me brinda la silla de ruedas para observar el mundo que me rodea. Por extraño que parezca, es como si lo estuviera contemplando todo por vez primera. A lo largo de aquellos años borrosos que dediqué a transportar fruta, catorce horas diarias, nunca tuve tiempo para detenerme a mirar nada, hasta que me quedé dormido al volante.

            La realidad que estoy descubriendo me llena de tristeza. La mayoría de la gente no parece disfrutar de la vida. Pasan de largo por ella a una velocidad en la que es imposible apreciar nada. Como yo en mi camión. Tienen piernas, sí, pero al no disponer de tiempo, sus zancadas les llevan cada día al más absoluto de los vacíos, a la más voraz de las insatisfacciones.

            Sé que algunos solo ven en mí un cuerpo con ruedas que les invita a sentirse algo más afortunados por un instante. Es curioso, cuando les miro desde aquí abajo, siento algo parecido. 

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